viernes, 10 de diciembre de 2010

La duda

Fragmento de: Rimpoche, Sogyal. Esta vida, el bardo natural, El libro tibetano de la vida y de la muerte.


“Nuestra sociedad fomenta la inteligencia ingeniosa en lugar de la sabiduría y celebra los aspectos más superficiales, hostiles e inútiles de nuestra inteligencia. Nos hemos vuelto tan falsamente “refinados” y neuróticos que tomamos la propia duda por verdad, y así la duda, que no es más que un intento desesperado del ego para defenderse de la sabiduría, queda deificada como objetivo y fruto del verdadero conocimiento. Esta forma de duda mezquina es el astroso emperador del samsara, servido por una bandada de “expertos” que nos enseñan, no la duda generosa y abierta que el Buda declaró necesaria para poner a prueba y demostrar el valor de las enseñanzas, sino una forma destructiva de duda que no nos deja nada en que creer, nada que esperar y nada por lo cual vivir.

Nuestra educación contemporánea, por tanto, nos adoctrina en la glorificación de la duda, y de hecho ha creado lo que casi se podría llamar una religión o una teología de la duda, en la cual para ser considerado inteligente hay que mostrar que se duda de todo, señalar siempre lo que está mal y pocas veces preguntar qué está bien, denigrar todas las filosofías y los ideales espirituales heredados, y en general todo lo que se haga por simple buena voluntad o con un corazón inocente.

El Buda nos exhorta a otra clase de duda, que es “como analizar el oro poniéndolo al fuego, haciéndole cortes y raspándolo para comprobar su pureza”. Pero nos falta discernimiento, valentía y entrenamiento para esa forma de duda que realmente nos pondría frente a la verdad si la siguiéramos hasta el final. Se nos ha educado en una estéril adicción a la contradicción que nos ha robado repetidamente toda apertura verdadera a cualquier verdad más amplia y ennoblecedora.

Así pues, yo te pediría que sustituyeras esa forma de duda nihilista contemporánea por la que yo llamo “duda noble”, la clase de duda que es parte integrante del camino hacia la Iluminación. Nuestro mundo en peligro no puede permitirse desechar a la ligera la vasta verdad de las enseñanzas místicas que nos han sido trasmitidas. En vez de dudar de ellas, ¿por qué no dudar de nosotros mismos: de nuestra ignorancia, de nuestra suposición de que ya lo entendemos todo, del aferramiento y la evasión, de nuestra pasión por supuestas explicaciones de la realidad que se hallan completamente desprovistas de esa sabiduría que inspira reverencia, impone respeto, lo abarca todo, esa sabiduría que maestros, los mensajeros de la Realidad, nos han comunicado?

Esta clase de duda nos estimula para seguir adelante, nos inspira, nos pone a prueba, nos hace más y más auténticos, nos da poder y nos atrae cada vez más hacia el interior del exaltado campo de energía de la verdad. Cuando estoy con mis maestros, les formulo una y otra vez aquellas preguntas para las que necesito respuesta. A veces no obtengo respuesta clara, pero no por eso dudo de ellos ni de la verdad de sus enseñanzas. A veces puedo dudar de mi madurez espiritual o de mi capacidad para oír realmente la verdad de un modo que pueda comprender plenamente, y por lo general suelo seguir insistiendo y preguntando hasta recibir una respuesta clara. Y cuando llega esa respuesta y resuena con fuerza y pureza en mi mente, y mi corazón responde a ella con un torrente de gratitud y reconocimiento, entonces llega a mí una convicción que ni las burlas de todo un mundo de escépticos podrían destruir.”